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Palacio Real de Caserta

Proyectado en el siglo XVIII por Luigi Vanvitelli por encargo y bajo la dirección del rey de Nápoles, Carlos VII, futuro Carlos III de España, participando también en su construcción Francesco Sabatini, yerno de Luigi Vanvitelli.

El Palacio es el símbolo de la ciudad de Caserta, en la región italiana de Campania, y lugar Unesco, siendo uno de los monumentos más importantes del patrimonio artístico italiano.

El Palacio es una obra maestra de la arquitectura y decoración barroca, siendo una fusión ideal y original de otras dos residencias reales: el Palacio de Versalles de los reyes de Francia y del Monasterio y Palacio de El Escorial.

El Palacio ocupa 45.000 metros cuadrados y con sus cinco plantas alcanza una altura de 36 metros. Cuenta con 1200 habitaciones y 34 escalinatas. El edificio es de ladrillo y los pisos inferiores aparecen revestidos con placas de mármol travertino, coronándose toda la estructura con una amplia cúpula central.

El interior sorprende por la sucesión continua de estucos, bajorrelieves, frescos, esculturas y suelos de taracea.

Destacan las siguientes estancias:

Sala del trono, la mayor de los apartamentos reales, se utilizaba como sala de recepción de las personalidades.

La escalera monumental, un invento del arte escenográfico del siglo XVIII que une el vestíbulo inferior y el superior, desde el que se accede a los apartamentos reales.

La Capilla Palatina, diseñada en su totalidad (incluida la decoración) por Vanvitelli.

El Teatro de Corte, admirable ejemplo de arquitectura teatral del siglo XVIII con forma de herradura redondeada y solemnizado por la particular disposición de las columnas gigantes.

El Apartamento Vecchio acoge el pesebre borbónico, gran afición de Carlos III de la cual ha derivado la conocida tradición napolitana para la decoración navideña.

La Biblioteca Palatina, se encuentra al lado de los Apartamentos de la Reina María Amalia de Sajonia, mujer culta y refinada, estando decorado con relieves y frescos como el de los signos del Zodiaco y las constelaciones, siguiendo un diseño también de Vanvitelli.

Además del Palacio destaca el Parque, compuesto por fuentes y cascadas, según la estética y costumbre de los jardines de estilo italiano, constituido por vastos prados, céspedes cuadrados y sobre todo, dando una gran importancia a los juegos de agua con fuentes, estanques y cascadas, adornados con grandes conjuntos escultóricos. El resultado es de un efecto espectacular que culmina con la Gran Cascada.

 El Parque se extiende hasta lo alto de la colina donde un jardín inglés sirve de marco para un paseo entre plantas exóticas y tropicales, como los cedros del Líbano.

Junto al Palacio y su parque la UNESCO ha incluido en la World Heritage List el Acueducto, realizado también por Luigi Vanvitelli.

 

Influencias arquitectónicas y decorativas de ida  y vuelta entre madrid y nápoles/SICILIA

 

De IDA – De Madrid a  Nápoles/Sicilia:

 

  • Son numerosas las influencias arquitectónicas que edificios de Madrid y sus alrededores ejercieron en las necesidades, trazados y estética de los palacios reales que el rey Carlos VII de Nápoles mandó construir en tierras napolitanas. Así destacan entre otros, las influencias del Palacio Real de Madrid, el Monasterio y Palacio de El Escorial y el Palacio y los Jardines de la Granja de San Ildefonso.

 

De VUELTA – De Nápoles/Sicilia a Madrid:

 

– Francesco Sabatini (palermitano) obtuvo el cargo de primer arquitecto del Rey Carlos III de España, terminó y decoró el interior del Palacio Real Nuevo de Madrid y se encargó de las ampliaciones de los palacios de Aranjuez y El Pardo. Además fue el director de los conjuntos decorativos de los palacios y solo en casos excepcionales la pintura y decoración recae sobre otros artistas italianos como Matías Gasparini  (ebanistería, bronces y bordados) y Giambattista Natali (pintura y porcelana).

 

–  Según la costumbre italiana de edificar teatros de corte dentro de los Palacios o unidos físicamente a ellos, Carlos III de España implantó la red de teatros de Corte en los Reales Sitios a imagen de aquellos Palacios Reales Napolitanos, mandando construir bien  teatros exentos (no unidos ni comunicados a un palacio) como son los ejemplos de el de La Granja de San Ildefonso (1767) -actualmente desaparecido-  y el de Aranjuez (1768) -recientemente reconstruido tras su demolición- o bien teatro exentos pero comunicados con el palacio, como es el ejemplo del Coliseo de El Escorial construido en 1770 siendo el único que se conserva actualmente en su estado original.

 

–  El apoyo e impulso ilustrado del Rey a las ciencias, y entre ellas a la botánica, se materializó con la introducción y plantación de especies de árboles foráneas, tropicales y exóticas, como los cedros del Líbano traídos a El Escorial y plantados en los jardines de la Casita del Príncipe y  del Infante, como ya se había efectuado anteriormente en los jardines de los Palacios Reales Napolitanos de Capodimonte y Caserta.

 

– Carlos III fomentó y protegió la industria nacional para reducir la masiva importación de objetos suntuarios del extranjero  y abastecer de estos objetos artísticos los Palacios y los Reales Sitios. De esta manera instaló en La Granja de San Ildefonso la Real Fábrica de Cristales y en el Buen Retiro la Real Fábrica de Porcelana, llegando a traerse a ésta última parte de la maquinaria e instalaciones así como a los artistas y obreros de la Real Fábrica de Porcelanas de Capodimonte  (Nápoles) que había fundado en 1743.

 

– Igualmente la tradición napolitana de los belenes “pesebres napolitanos” se introdujo y arraigó en los Palacios y Reales Sitios de Madrid extendiéndose después a toda España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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